A quien pueda interesarle

[I]

El frío me hiere, mientras se desliza por mis ajadas manos. Intento no pensar en ello, ni en lo empapados que están mis calcetines por haber andado bajo la lluvia. Pero por más que lo intento, el gélido aliento del invierno siempre consigue colarse por mis mangas, sin que pueda hacer nada por evitarlo. Y entonces apareces tú. Pasas junto a mí, sin prestarme atención, pero haces que se me olvide el dolor y el frío.

Pasas, y con crueldad me arrancas los suspiros del pecho, y te los llevas contigo, sin ni siquiera regalarme una mirada a cambio. Y tal como llegaste, desapareces atravesando el umbral de una estancia que escapa a mi vista. Solo entonces, me obligo a mí mismo a devolver la mirada a mis quehaceres. Regreso a mi burdo intento de vivir en una realidad que no te pertenece, de soñar sin sentir tu cálido abrazo bajo las sabanas...

Regreso al páramo helado de tu indiferencia, con los ojos empañados por el vaho y los dedos de los pies helados. Tú, paladina de la entropía, que borraste la escarcha de mi alma con el escarlata de tu vestido, dime:

¿Llegarás a mirarme como yo te miro?