52 retos de escritura para 2021

Es dura la experiencia de vivir con miedo, ¿verdad? En eso consiste ser esclavo

Aquí, encontrarás mi lucha contra esta quimera que nos atenaza a la hora de dejar volar la imaginación sobre los renglones... concretamente, Literup nos propone una serie de retos, pequeñas batallas contra la pesadilla de la falta de inspiración, que pretenden arrastrar al escritor fuera de su zona confort y así, liberarlo del yugo del bloqueo mental. Os animo a todos a intentarlo, aquí podéis consultar las bases:

52 retos de escritura para 2021 | El blog de Literup

Pléyades

Hace un frío que pela, ¿se puede saber qué haces aquí fuera? digo a través de la ventana a la muchacha que se mantiene ahí sentada, a la intemperie, impasible a la baja temperatura propia de los meses de invierno Vas a coger un catarro de campeonato, que lo sepas...

Ella, que sigue ensimismada en sus pensamientos, se limita a ignorarme, como de costumbre. Con la vista perdida en el firmamento, y todas las constelaciones reflejadas en sus oliváceos iris.

Cuántas veces me acordaría de ese momento después... en esa misma terraza donde ella pasaba las horas mirando a las estrellas, después de tantos años, ahora me siento yo. Recordando sus historias. Tratando de descubrir qué era aquello que con tanto ahínco perseguían sus ojos más allá de la atmósfera terrestre.

Pero entonces, casi sin darme cuenta, despierto en un lugar desconocido, oscuro e inmenso. Ella está aquí, y parece haber contado cada una de las noches que pasé en su terraza, llorándola en silencio. Quiero abrazarla, pero no puedo moverme. También quiero contarle lo mucho que la he echado de menos, pero ella ya parece saberlo.

Tardo un momento en darme cuenta de que no éramos los únicos que había allí, y reconozco muchos rostros que hacía años que no veía. Y es en este momento, viéndonos a todo ahí reunidos formando aquella constelación invisible, cuando lo comprendo por fin.

¿Quién iba a decirme a mí que salías ahí afuera para estar con ellos?

FIN

Las tres reinas magas

Esa ya me la sé, siempre haces la misma apertura… —diría, demasiado confiado quizás, al reconocer el patrón habitual en mi rival— No te vas a salir con la tuya esta vez.

Él, impasible ante mis delirios de genialidad, continúa sereno. Jugada tras jugada. Avanzando por el tablero como el viajero que recorre un camino conocido.

Estoy seguro de que esta no te la sabes —diría él, sin levantar la vista de las piezas—. Es una jugada muy antigua, de esas que ya no salen ni en los libros.

Junto a sus palabras, el desarrollo del juego comenzaba a resultarme desconocido, pero no iba a dejarme intimidar por un puñado de palabras frente a la ligera ventaja de piezas con la que había llegado hasta ese punto. No obstante, estaba demasiado concentrado en jugar bien como para contestarle verbalmente.

¡Ajá! Has caído en la trampa de “las tres reinas magas”.

¿Eh? Venga ya, que solo has avanzado tus peones algo más de lo habitual…

Observa… cuando se juntan las tres, son imparables.

Y en un abrir y cerrar de ojos, toda la defensa que había ido construyendo durante la partida, se vio reducida al polvo más fino.

No me lo puedo creer… cómo has… —No daba crédito. Una pieza de ventaja y aún así, no había podido contra esa extraña estrategia de las tres damas— ¿Se puede saber dónde has aprendido eso?

Deja que te cuente una pequeña historia…

Oh no, ya estamos otra vez…

Pero ya era demasiado tarde como para pararle los pies.

«Hace ya mucho tiempo, cuando las carreteras aún eran caminos, y las ciudades se erigían en torno a un gran castillo, había un próspero reino no muy lejos de aquí. Ese reino lo gobernaba un hombre arrogante, y tal fue su arrogancia que se le ocurrió retar a todo su pueblo a una partida de ajedrez. Aquel que consiguiera vencerle, sería coronado como nuevo rey.

Muchos lo intentaron, pero ninguno podía competir con la astucia del soberano. Y así, su fama se fue extendiendo por los alrededores, hasta que el desafío llegó a oídas de un anciano pastor, que decidió probar suerte. Al llegar, fue recibido con una mirada aburrida del monarca, el cual no creía a aquel hombre capaz de suponerle ningún reto, pero pronto ambos se sentaron delante del tablero y dio comienzo la partida.

Para sorpresa de los allí presentes, la partida no duró más de un par de minutos. Ese fue el tiempo que le hizo falta para que, con tan solo cuatro movimientos, el pastor diera jaque mate al rey.»

Ya, ya, ya… me sé la historia del mate del pastor —interrumpo mientras comienzo a recoger las piezas—. De hecho, me la contaste tú mismo.

Es posible, pero estoy seguro de que no te conté lo que hizo el pastor una vez fue coronado rey —diría dirigiéndome una mirada de soslayo y una media sonrisa con aire misterioso—.

Agacho la cabeza, y sigo recogiendo las piezas esperando a que él prosiga con su historia.

Por dónde iba… ¡Ah, sí! Bien…

«El anciano pastor fue coronado rey, pero su reinado duró tan poco como la partida de ajedrez que le había llevado hasta el trono. Y tras su muerte, el reino quedó fragmentado en tres partes iguales, cada una de las cuales fue entregada a una de sus tres hijas.

Este hecho fue interpretado por los reinos vecinos como una debilidad, una ocasión de invadir los territorios en los que había quedado dividido el reino. Al fin y al cabo, eran reinos tres veces más pequeños.

O habría sido así, de no ser porque las tres hermanas actuaron con sabiduría y unidad, tal y como su padre les había enseñado. Y antes de empezar una sangrienta matanza entre reinos, ofrecían a sus invasores la oportunidad de jugárselo todo a una partida de ajedrez.

Y de nuevo, muchos estrategas y señores de la guerra retaron a las hermanas, con la firme convicción de que ninguna mente femenina podría nunca derrotarlos, pero no podrían haber estado más equivocados. Nunca nadie fue capaz de hacerles frente a su astucia y temple. Tanto fue así, que hasta llegaron a tacharlas de brujas…»

Lo fueran o no —diría con la reina blanca en la mano—, la leyenda dice que su sagacidad quedó cristalizada en este misterioso juego del que muchos creen saber, pero realmente no sabemos nada.

FIN